Un manglar es un ecosistema compuesto principalmente por árboles llamados “mangles”. A simple vista, podrían parecer árboles comunes que crecen en las orillas del agua, pero la realidad es que son verdaderos guardianes de la naturaleza. Ubicados en las zonas de transición entre la tierra y el mar de las regiones costeras tropicales y subtropicales, estos ecosistemas poseen habilidades extraordinarias que mantienen el equilibrio de nuestro planeta. Si el mundo natural tuviera su propia liga de la justicia, los manglares sin duda llevarían una capa de superhéroes gracias a tres super poderes.
El primer superpoder es su adaptación a condiciones extremas (Adame et al., 2021). La gran mayoría de las plantas terrestres morirían rápidamente si sus raíces se inundaran constantemente con agua marina; la sal deshidrataría sus células y la falta de oxígeno en el suelo lodoso las asfixiaría. Sin embargo, los mangles han desarrollado una resistencia que desafía el ambiente en el que crecen. Por un lado, algunas especies tienen raíces tan especializadas que actúan como un filtro, impidiendo el paso de la sal al absorber agua, mientras que otras la expulsan a través de glándulas ocultas en sus hojas. Por otro lado, para no asfixiarse en el lodo, algunas especies desarrollan raíces llamadas neumatóforos que funcionan como tubos de snorkel para respirar durante la marea alta, logrando prosperar donde otras plantas jamás podrían sobrevivir.
El segundo superpoder de estos ecosistemas es que funcionan como un escudo de fuerza o una muralla viva para las comunidades costeras (Mandal & Bar, 2019). Vivimos en una época donde el cambio climático está intensificando los fenómenos meteorológicos y, cuando un huracán o una tormenta tropical golpea la costa, las olas gigantes y los vientos pueden ser devastadores. Es aquí donde la densa estructura de raíces y ramas de los mangles actúa como un amortiguador gigante que reduce drásticamente la energía de las olas y frena la fuerza del viento, evitando que estos penetren con violencia hacia el interior de las poblaciones.
El tercer superpoder, quizás el más invisible pero el más crucial a escala global, es su capacidad de ser un superalmacén de carbono (Donato et al., 2011). En la lucha incesante contra el calentamiento global causado por los gases de efecto invernadero, los manglares son los campeones indiscutibles al tener la increíble capacidad de almacenar hasta diez veces más carbono por hectárea que los bosques terrestres. Al carbono almacenado por estos ecosistemas se le conoce como “carbono azul”. A diferencia de los árboles de tierra firme que al morir liberan gran parte de su carbono, los manglares entierran la materia orgánica en suelos inundados y profundos donde apenas hay oxígeno, lo que ralentiza la descomposición y atrapa este elemento de forma segura bajo el agua durante siglos para que no suba a la atmósfera (Taillardat et al., 2018).
Sin embargo, como todo gran superhéroe, este ecosistema tiene su propia criptonita: la actividad humana irresponsable. El cambio de uso de suelo debilita sus defensas y destruye a los manglares a un ritmo alarmante (Sasmito et al., 2019). Ver caer un manglar no solo es perder árboles, sino presenciar la liberación masiva del carbono almacenado en sus suelos, lo que acelera nuestra vulnerabilidad ante la crisis climática. Neutralizar esta criptonita mediante la conservación y el manejo sostenible no es solo un acto de buena voluntad con la naturaleza, sino la única forma de mantener a salvo a los guardianes que garantizan el futuro y la seguridad de todas nuestras costas.
Para diseñar estrategias que protejan estos ecosistemas, actualmente investigamos los almacenes de carbono azul en manglares de Marismas Nacionales, una de las reservas de humedales más importantes de México. Este proyecto se realiza en el Doctorado en Ciencias en Agricultura Multifuncional para el Desarrollo Sostenible (Departamento de Fitotecnia, Universidad Autónoma Chapingo), y cuenta con el apoyo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), con recursos del Bezos Earth Fund, a través de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). Estudiar estos titanes desde una perspectiva científica y multifuncional es clave para su supervivencia; por ello, nuestra institución te invita a sumarte a la investigación de vanguardia para generar un impacto real en el planeta.
Por: Eliseo Hernández Hernández
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
- Adame, M. F., Reef, R., Santini, N. S., Najera, E., Turschwell, M. P., Hayes, M. A., Masque, P., & Lovelock, C. E. (2021). Mangroves in arid regions: Ecology, threats, and opportunities. Estuarine, Coastal and Shelf Science, 248, 106796. https://doi.org/10.1016/j.ecss.2020.106796
- Donato, D. C., Kauffman, J. B., Murdiyarso, D., Kurnianto, S., Stidham, M., & Kanninen, M. (2011). Mangroves among the most carbon-rich forests in the tropics. Nature Geoscience, 4(5), 293–297. https://doi.org/10.1038/ngeo1123
- Mandal, R. N., & Bar, R. (2019). Mangroves for Building Resilience to Climate Chamge. A field Manual. In Apple Academic Press, Inc.
- Sasmito, S. D., Taillardat, P., Clendenning, J. N., Cameron, C., Friess, D. A., Murdiyarso, D., & Hutley, L. B. (2019). Effect of land-use and land-cover change on mangrove blue carbon: A systematic review. Global Change Biology, 25(12), 4291–4302. https://doi.org/10.1111/gcb.14774
- Taillardat, P., Friess, D. A., & Lupascu, M. (2018). Mangrove blue carbon strategies for climate change mitigation are most effective at the national scale. Biology Letters, 14(10). https://doi.org/10.1098/rsbl.2018.0251